DOCTRINA SOCIAL
INTRODUCCIÓN
La
Doctrina Social de la Iglesia, también llamada pensamiento social cristiano,
pues meternos a su estudio, a un nivel básico, exigiría un tiempo de dedicación
con el que muchos/as de nosotros/as no contamos, seguramente algunos/as
asociados/as y hermanas tendrán estudios más profundos hechos sobre este tema,
pero también hay un gran grupo que no; se ha intentado que el estudio sea útil
para ambos grupos.
Hay
un movimiento pendular que va desde la visión de optimismo ambiental sobre la
posibilidad de desarrollo económico e independencia de los pueblos hasta la
toma de conciencia de la dificultad que supone la erradicación de la pobreza;
lo que es constatable es que, si no transformamos el mundo actual, la distancia
entre las personas, colectivos y países ricos y pobres se va haciendo cada vez
más grande.
Colaborar
en esta transformación es responsabilidad de toda persona y colectividad
humana, cada cual desde sus posibilidades reales.
PREGUNTAS PERSONALES
1.
¿cómo estamos favoreciendo a esta transformación desde nuestra tarea? 2. ¿Nos
planteamos cuál es nuestra aportación? 3. ¿Qué papel tiene entre nosotros la
reflexión social? 4. ¿Qué conocemos acerca del pensamiento social?
El
panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente, si a las antiguas añadimos
las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a ambientes y grupos no carentes de
recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la
insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la
marginación o a la discriminación social…
El
amor tiene por delante un vasto trabajo al que la Iglesia quiere contribuir
también con su doctrina social que concierne a toda persona y se dirige a todas
las personas.
¿QUÉ ES LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA?
Es
un patrimonio de enseñanzas que se organizan sistemáticamente: es un cuerpo de
enseñanza elaborada en el seno de la Iglesia, como respuesta histórica a los
problemas económicos y sociales. Esta enseñanza se presenta en documentos de
diverso rango: encíclicas, exhortaciones apostólicas, radiomensajes, cartas
apostólicas, pastorales.
Este
patrimonio eclesial de pensamiento y acción se ha ido organizando y
reorganizando en los últimos años, a partir de la Encíclica Rerum Novarum de
León XIII (1891), bajo el nombre de “Enseñanza Social” o “Doctrina Social de la
Iglesia”, como un conjunto de principios de reflexión de valoración permanente
, criterios de juicio y orientaciones para la acción.
La
DSI abarca todos los campos en los que se desarrolla la convivencia humana, se extiende
objetivamente al entero panorama de las realidades temporales que configuran y
condicionan la vida de la persona humana dentro de la sociedad.
Las
respuestas históricas de la Iglesia a los problemas sociales se siguen la
dinámica inductiva del VER – JUZGAR - ACTUAR
VER: es
ver con preocupación la realidad que tiene rostros humanos imborrables. Para
ver hay que percibir con la inteligencia, es informarse y comprender los
problemas, las situaciones de injusticia, sus causas, los factores que las producen,
los mecanismos y las personas que las reproducen.
JUZGAR: es
interpretar la realidad y distinguir qué es y qué no es proyecto de Dios sobre
el hombre y el mundo en la vida concreta de las personas, colectividades y
pueblos.
ACTUAR: es dar vida, dar existencia concreta a las
elecciones y decisiones coherentes con los valores del Reino de Dios, porque la
DSI está orientada a la praxis.
La
doctrina social nació del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias,
comprendidas en el mandamiento supremo del amor a Dios y al prójimo, y en la
justicia, con los problemas que surgen en la vida de la sociedad.
El pueblo de
la Biblia sufre la opresión en Egipto. La historia de este pueblo está ligada a
la fe en el Dios que siente su aflicción y camina con ellos hacia una patria de
libertad y de vida en la cual no vuelvan a ser esclavos. “Yo Yahvé , soy tu Dios, que te he sacado del
país de Egipto, de la casa de servidumbre” (Ex 20,2). Con su acción Jesús
también educa políticamente y socialmente al pueblo; una educación para
participar en el destino propio y de los suyos desde la fe en él.
1.
¿QUÉ ES LA
DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA?: La doctrina social es la parte del
magisterio de la Iglesia que se
ocupa de enseñar el comportamiento correcto de los hombres en su vida social.
2.
¿CUÁL ES EL
FIN DE LA DOCTRINA SOCIAL?: El fin inmediato de la doctrina social
es proponer principios y valores que contribuyan a crear una sociedad digna del
hombre
3.
¿CUÁLES SON
LOS PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL? : La doctrina social se
apoya en cuatro principios básicos: la dignidad de la persona humana, el bien
común, la subsidiaridad y la solidaridad.
LA VERDAD: Conviene resolver las situaciones buscando el bien verdadero,
con independencia del propio interés. Así se evitan muchas tiranías. Este tema
afecta mucho a los medios de comunicación y a los fraudes económicos.
LA LIBERTAD: En el ámbito religioso, cultural, político,
etc. Siempre dentro del bien común y del orden público. Sin olvidarse del bien
verdadero y de la responsabilidad correspondiente, pues se trata de elegir el
bien.
LA JUSTICIA: Es el
hábito de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. Ante todo, es
importante reconocer la dignidad de los demás, con independencia de lo que
posean o de la utilidad que proporcionen. La justicia debe basarse en la ley
natural y conviene que sea mejorada por la caridad y la solidaridad.
LA CARIDAD: El amor al
prójimo es el criterio supremo de la ética social.
Si hay caridad, habrá verdad, justicia, libertad, etc. La caridad se ejercita
principalmente con el espíritu de servicio a los demás, buscando su bien.
¿LOS PRINCIPIOS Y VALORES SOCIALES SON DISTINTOS DE LOS INDIVIDUALES?: En
parte sí, en parte no. La naturaleza humana no cambia cuando el hombre se
reúne, de modo que los principios éticos, los diez mandamientos y las virtudes que conviene ejercitar son los
mismos en ambos casos; y el resumen de amar a Dios y al prójimo, también
coincide en los planos individual y social. Sin embargo, para la vida social
conviene prestar particular atención a los principios y valores que se han
explicado.
¿ES MISIÓN DE LA IGLESIA RESOLVER PROBLEMAS SOCIALES?: No, no.
Esta es misión general de los hombres, y en particular de los gobernantes
que tienen el dinero y redactan las leyes. A ellos compete conseguir una
distribución justa de los bienes. De todos modos, la Iglesia resuelve muchos
problemas sociales por caridad. Pero no es su misión: Cristo no vino a la
tierra para resolver dificultades económicas. En cambio, es tarea de la Iglesia
establecer principios y orientaciones que señalen caminos posibles y erróneos,
teniendo en cuenta la ley natural y las enseñanzas de Jesucristo.
I. RESPETAR LA PERSONA
HUMANA
Los
cimientos del pensamiento social católico son el adecuado entendimiento y valor
de la persona humana.
Los
papas adoptaron el concepto de "derechos humanos" para comunicar que
todos y cada uno de los seres humanos, como hijos de Dios, tienen ciertas
inmunidades contra el daño que puedan infligirnos otras personas y merecen
ciertos tipos de tratamiento. En particular, la Iglesia ha sido
contundente en la defensa del derecho a la vida de todos los seres humanos
inocentes desde su concepción hasta la muerte natural. La oposición al
aborto y a la eutanasia forman los cimientos necesarios para respetar la
dignidad humana en otras áreas tales como la educación, la pobreza y la
inmigración.
II. PROMOVER LA
FAMILIA
La
persona humana no es simplemente un individuo, sino que también es miembro de
una comunidad. Si no reconocemos el aspecto comunitario caemos en un
individualismo radical. Un entendimiento íntegro de la persona considera
los aspectos sociales del individuo. La primera consideración social, en
orden e importancia, es la familia, la cual es la unidad básica de la sociedad
y es anterior y en cierto sentido supera a las demás sociedades en una
comunidad. La doctrina social de la Iglesia pone acento en la importancia
de la familia, en particular en la importancia de promover matrimonios estables
que acojan y eduquen a los niños.
III. PROTEGER LOS DERECHOS PATRIMONIALES
De
la Iglesia, dio tres motivos por los que la propiedad privada es esencial para
la prosperidad humana:
Primero,
porque cada uno es más solícito en gestionar aquello que con exclusividad le
pertenece que lo que es común a todos o a muchos, puesto que cada cual, huyendo
del trabajo, deja a otros el cuidado de lo que conviene al bien común, como
sucede cuando hay multitud de servidores; segundo, porque se administran más
ordenadamente las cosas humanas si a cada uno le incumbe el cuidado de sus
propios intereses; sin embargo, reinaría confusión si cada cual se cuidara de
todo indistintamente; tercero, porque así el estado de paz entre los
hombres se mantiene si cada uno está contento con lo suyo.
IV. TRABAJAR PARA EL
BIEN COMÚN.
Los
cimientos del pensamiento social católico son el adecuado entendimiento y valor
de la persona humana.
La
prosperidad humana es multifacética porque el ser humano como tal tiene muchas dimensiones. La
perfección humana incluye una dimensión física de la salud y el bienestar
psicológico. Si un país no tiene suficiente agua potable para tomar,
alimentos nutritivos y un entorno relativamente libre de toxinas, los seres
humanos no podrán alcanzar la plenitud de su potencial. Además, la
prosperidad humana tiene una dimensión intelectual con la que pueden colaborar
o bien que puede verse dificultada por las oportunidades educativas o la
ausencia de ellas. Finalmente, cada uno de nosotros carga con una
dimensión ética o moral que se verá frustrada si no evitamos los vicios y si no
cultivamos la virtud. El bien común incluye todos estos elementos.
V. OBSERVAR EL
PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD
Algunos
pensadores cristianos conciben que el estado o gobierno fue establecido
simplemente para reprimir tanto a los deseos malos como a las personas
malas. En el pensamiento católico, el gobierno también tiene un rol más
positivo que consiste en ayudar a garantizar el bien común. El Papa Juan
Pablo II lo dijo del siguiente modo:
Es
deber del Estado proveer a la defensa y tutela de los bienes colectivos, como
son el ambiente natural y el ambiente humano, cuya salvaguardia no puede estar
asegurada por los simples mecanismos de mercado.
Es
difícil encontrar una respuesta a estas preguntas sin estar inmersos en una
situación concreta, dado que depende de los criterios prudentes que emanen de
situaciones particulares. Las personas de buena voluntad, inclusive los
católicos que intentan poner en práctica la doctrina social de la Iglesia,
pueden estar legítimamente en desacuerdo respecto de si se justifica una
determinada ley o intervención gubernamental para aliviar un problema
social. Muchos interrogantes sociales, tales como "¿Debería ofrecerse
un beneficio de bienestar social a las personas en esta situación
particular?", no admiten una respuesta que pudiera ser vinculante para
todos los católicos. Sin embargo, todos los católicos están obligados a
trabajar para encontrar una solución a los problemas sociales contemporáneos a
la luz del Evangelio y su mejor sabiduría práctica.
VI. RESPETAR EL
TRABAJO Y AL TRABAJADOR
Según
el Génesis, Dios no sólo crea al hombre, sino que también lo hace trabajar para
que les ponga nombre a los animales y cuide el jardín. Es evidente que
Dios no le dio a Adán esta tarea porque estaba muy cansado como para terminar
el trabajo. Por el contrario, el trabajo humano no sólo participa en el
cuidado creativo y providencial de Dios del universo sino que también lo
refleja. Incluso antes de la caída, el hombre fue creado para cultivar y
mantener el Jardín del Edén, para imitar el trabajo de Dios en la creación a
través del trabajo humano.
VII. BUSCAR LA PAZ Y OCUPARSE DE LOS POBRES.
Paz
significa mucho más que la ausencia de un conflicto violento. Paz es
"tranquilidad del orden", tomando la frase de San Agustín. La
guerra entre las naciones puede ser necesaria algunas veces, pero solamente
para restaurar la paz. La Iglesia Católica, desde al menos los tiempos de
San Agustín, avaló la "teoría de la guerra justa". El pacifismo
rechaza rotundamente la declaración de guerra por ser moralmente mala por
diversos motivos, algunos de ellos seculares (la violencia engendra violencia)
y algunos otros religiosos (Jesús actuó sin violencia).
El
realismo, en el contexto de la ética de guerra, sostiene que la guerra no tiene
ningún tipo de regla aparte de, tal vez, la ley del más fuerte.
CUATRO PILARES PARA LA
EDUCACIÓN, SEGÚN ESTANISLAO ZULETA
El
pensamiento de Zuleta ha dejado un importante legado en el desarrollo crítico
de las estructuras sociales y la perspectiva de la educación frente a las
necesidades crítico-transformadoras de un modelo.
Por
tal motivo, se trae a colación los cuatro pilares que Zuleta considero
fundamental para la educación, que serán una útil herramienta para el debate y
la reflexión.
En
primer lugar, Zuleta plantea la función educativa de la literatura, cómo un
medio de desarrollo de un pensamiento crítico, reflexivo y transformador y
parte de su mismo gusto por la lectura, dejándole gran parte de su ejercicio a
su meditación. En su ensayo titulado Sobre la lectura, establece que ésta
consiste en una tarea que requiere del lector, dedicación y una transformación,
que surge de lo que Zuleta denomina “rumiar el contenido”, afirmando que el
pensamiento funcionaría de acuerdo con tres capacidades: 1) capacidad de
admiración e idealización; 2) capacidad de oposición: crítica; y 3) capacidad
de creación: juego, de inocencia, rueda que gira.
Zuleta
considera a la lectura, un acto importante, en la que el lector debe disponerse
para dejarse perturbar, deslumbrar, transformar, afectar por el contenido del
texto, y por los interrogantes que suscita la lectura. No se lee entonces por simple diversión, se
lee porque existe una cuestión que necesita ser resuelta y porque se aspira a
que el texto diga algo sobre esa cuestión. La literatura es, entonces, una
oportunidad para interpretar los hechos históricos y derivar de estos análisis,
posibilidades de transformación social.
La
graduación de bachillerato, es el paso al éxito con el propósito de aprender,
pero, junto a ese aprendizaje, se les dio la posibilidad de conocer personas
maravillosas, de vivir, experimentar y comprender el verdadero significado de
la amistad, del compromiso, de la responsabilidad y de manera especial de
formarse como personas honestas, justas y cumplidoras del deber. Bachilleres:
El título es la recompensa de esos momentos no gratos, para algunos, no para
todos. Muchas clases eran aburridoras, no les gustaba cuando los profesores les
llamaban la atención o impartían disciplina, cuando les exigía el cumplimiento
de las tareas, pero el único objetivo era formar personas integras, con valores
y con suficientes herramientas para que se defendieran en la vida, para que el
futuro de cada bachiller fuera con calidad humana, personas formadas que la
suerte y la bendición de Dios los alcanza y acompaña, gracias a esos
docentes que les ayudaron a descubrir
quiénes son, de dónde vienen y para donde van; profesores que les enseñaron la
importancia de saber vivir el amor, el progreso, compromiso personal, familiar
y social y sobre todo la vivencia de la ética y la moral. Eso los hará grandes.
2 PUNTO
Me pareció muy bueno pues nos habla acerca de un
breve acercamiento a la Doctrina Social de la Iglesia, también llamada
pensamiento social cristiano, pues meternos a su estudio, a un nivel básico. Aunque aquí sólo ofrece una comprensión básica de lo que es la DSI, sin
duda, este breve acercamiento nos aportará orientación antes de llevar a cabo
la IV urgencia del Documento Capitular que nos pide, para este sexenio, la
necesidad de discernir el modo de dar respuesta carismática a las necesidades
de los pobres y excluidos de hoy, desde nuestra realidad.3 PUNTO
Las
condiciones sociales contribuyen ya sea a la estabilización o a la
desestabilización de las estructuras familiares. Entre las condiciones
sociales que las desestabilizan, podemos encontrar las jornadas de trabajo
obligatorias e irracionalmente extensas, una "cultura social" tóxica
que denigra la fidelidad, la disolución legal de la definición del matrimonio
entre un hombre y una mujer y el cobro excesivo de impuestos.
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